Hidalgo: historias que viven en lo cotidiano

Todavía traíamos en mente nuestros recuerdos de las calles de Guadalajara, esos murales escondidos, el calor fuerte, pero, sobre todo, el sabor de ese rico ramen que nos llevó a lugares únicos, sin duda una de las experiencias más únicas. Pero al llegar a Hidalgo, todo cambió.

Ese aire frío, tan frío que nos hizo pensar que parte del viaje es también disfrutar de las estaciones: el calor vibrante de Jalisco al amanecer frío de Real del Monte.

Al llegar, Mateo y yo, tuvimos una impresión única, un pueblo que respira a historia en cada rincón, esas calles empedradas, las casas con techos rojos y ese silencio que solo rompe con el murmullo de la gente al abrir sus negocios. Nosotros, por nuestra parte, caminamos despacio, como si el frío nos obligara a mirar con más detenimiento.

Mateo: “Ya viste ese mural?”- no-respondí distraídamente.

Llegamos al mural, donde no era un estadio, no eran luces ni gradas. Simplemente era una pared pintada, sencilla, pero muy poderosa. Al estarla viendo detenidamente, una señora del lugar se acercó, con esa calidez que contrasta el clima. Nos señaló el mural y dijo: “Aquí en Real del Monte se jugó por primera vez fútbol en México.” Su voz tenía la fuerza de quien no solo cuenta una historia, sino que la guarda como un tesoro.

Mientras ella hablaba, Mateo y yo nos dimos cuenta, que unos niños corrían detrás de un balón en la cancha más cercana, vimos cómo el vapor de su respiración se mezclaba con el clima y en ese momento pensé: “Aquí fue donde todo empezó, y sigue empezando cada día.” El mural era memoria, pero los niños eran presente.

En ese momento, nos detuvimos a ver cómo los niños celebraban un gol improvisado. No había árbitro, no había reglas estrictas, solo la emoción pura e inocente de jugar. De repente Mateo dijo: “Ve cómo nos hace parte del momento.” claro, porque la verdad es que al viajar, es dejarse llevar por las historias que viven en la voz de la gente, en los murales, en las canchas, en los pasos que siempre damos.

Ese día no solo decidimos pasear por las calles y murales que sin duda Hidalgo nos ofrece. Decidimos dejarnos llevar por la historia que se vive en cada rincón y sentimos que Real del Monte no solo nos estaba contando la historia del fútbol, nos estaba recordando que las tradiciones viven en lo cotidiano.

Sin duda Real del Monte nos dejó con ganas de seguir descubriendo, de seguir caminando, de seguir escuchando voces que guardan secretos. Porque cada paso que damos en este viaje nos acerca más a México, y a la certeza de que aquí, cada rincón tiene algo que contar.

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